A confesión de parte... (confesiones de los gobernantes madrileños y de sus acólitos vascos que corroboran nuestra interpretación)
reproduce el texto del capítulo 11 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
A estas alturas de este libro el lector que haya llegado hasta aquí dispone ya de dos validaciones de la hipóteisis que sobre las causas de la escisión del PNV formulábamos en el apartado 2. Del capítulo 1º.
Los capítulos 2º a 9º, ambos inclusive, han ido revisando las diversas proposiciones que articulan nuestra hipótesis y, en nuestra opinión, validando con pruebas cada una de ellas. El capítulo 10º ha aportado otro tipo de pruebas: la estructura sociologógica y las opiniones y actitudes de los votantes del PNV y HB antes de la escisión del primero y la estructura, opiniones y actitudes de los votantes de PNV, EA y HB después de la escisión, conocidas a través de una amplia serie de investigaciones sociológicas mediante encuesta, permiten afirmar que son las diferencias de opiniones y actitudes (sobre la independencia de Euskadi, sobre el fracaso del Estatuto, sobre el énfasis en la vasqueidad) las que separan a los votantes de EA de los del PNV. Mientras que las características estructurales (sexo, edad, estado civil, nivel de estudios, ocupación, etc) son muy similares y, si se vuelven a sumar los votantes de EA y los del PNV, los datos estructurales de esa acumulación son sensiblemente iguales a los que mostraban los votantes del PNV en 1984 e igualmente diferentes de los de los votantes de HB que entonces.
En este capítulo vamos a añadir una tercera validación de nuestra hipótesis. Vamos a interrogar a los testigos "hostiles". De Miguel Castells, maestro de abogados, he aprendido que "los pleitos se ganan gracias a los testigos de la parte contraria y se pierden por culpa de los testigos propios". Vamos a interrogar, pues, sobre diversos elementos conceptuales de nuestra hipótesis (la legitimación del Estado español en Euskadi Sur, la violencia de ETA, las torturas de la policía y la Guardia Civil a los vascos, el Estatuto como intento de legitimación del Estado español, etc) a testigos "hostiles". A testigos evidentemente contrarios al Movimiento de Liberación Nacional vasco. Tan contrarios como los gobernantes madrileños del PSOE y de UCD y sus acólitos vascos: los "arrepentidos" de ETA poli-mili y de Euskadiko Ezkerra y un señor del PNV que ahora es de EA.
Como es claro, este interrogatorio no va a ser personal. Pero no hace falta que lo sea. Estos señores tienen una auténtica pasión por las Jornadas, los Seminarios, los Coloquios, las Reuniones de Estudios para, por, sobre, tras investigar sobre Euskadi y la violencia política. En todos esos foros hablan muchas veces "a calzón quitado" y dicen cosas muy diferentes de las bobadas rutinarias que acostumbran a verter por Radio y Televisión. De vez en vez (y por motivos personales de alguno de los asistentes u organizadores) se publican las actas de alguna de esas reuniones en alguna oscura revista que, desde luego, no está destinada al público en general. Al que se le dará, sin embargo, profusa información sobre "las conclusiones" y alguna versión reporteril aderezada "ad hoc".
Pues ese es el caso. Vamos a bucear un poco en las actas de esas reuniones.
11.1. Los sintomáticos y reveladores reconocimientos del Seminario sobre Violencia , Política y Terrorismo, organizado por el Grupo 16 en otoño de 1984.
En el otoño de 1984 el Grupo 16 (cuyos órganos periodísticos más conocidos son Diario 16 y la revista madre del Grupo Cambio 16) organiza unas "Jornadas en Madrid sobre violencia política y terrorismo" que incluyen un "Seminario sobre Violencia, Política y Terrorismo", inaugurado con una intervención del Ministro del Interior José Barrionuevo y desarrollado a través de una serie de mesas redondas pivotadas sobre un ponente, y varias aportaciones individuales. Los textos están publicados en el nº 2 de la publicación Ideas y Debate del año 1985) del Grupo 16, aunque fueron parcialmente muy aireados en su momento por la revista y el periódico diario del Grupo.
Se trata de una reveladora y sintomática exposición de la doctrina oficial (formulada de forma oficiosa) del Estado español sobre Euskadi, ETA y el "problema vasco". Lo de menos, con ser altamente significativo, es que al final de las Jornadas se aprobara este documento (que como reza el texto del nº 2 de Ideas y Debate –pag. 131 –fue "suscrito por varios de los participantes que pertenecían a partidos políticos con representación parlamentaria en Euskadi":
"Propuesta para la paz
Los ponentes intervinientes en el panel sobre Reflexiones y propuestas para la paz en el País Vasco constatamos como puntos de coincidencia los siguientes:
José María Benegas, secretario general de PSE-PSOE de Euskadi; Jaime Mayor Oreja, portavoz de la Coalición Popular en el Parlamento vasco; Mario Onaindía, secretario general de Euskadiko Ezkerra."
Este documento se denominó luego, enfáticametne, Declaración de Madrid sobre el Terrorismo. En la presentación del nº de Ideas y Debate el Presidente del Grupo 16, Juan Tomás de Salas, se ufana de que la Declaración de Madrid fuera "el embrión de acuerdo global entre los vascos para condenar y arrinconar la violencia política en Euskadi". Añadiendo que "Sólo tres meses después, en el Pacto que firmaron socialistas y peneuvistas para esta legislatura, frases literales de la Declaración de Madrid formaron la base del acuerdo frente al terrorismo".
Insistimos en que pese a ser eso muy significativo hay aún factores de esas Jornadas que lo son más. Uno de ellos es la participación en las Jornadas de los Ministros del Interior en activo (Barrionuevo) y su predecesor (Rosón) y de los máximos dirigentes vascos del PSOE (Benegas y Jáuregui) y de Euskadiko Ezkerra (Onaindia) y su escogida representación de los "arrepentidos" reinsertados (Goiburu, López Castillo), amen de "expertos" internacionales como un ex –Ministro del interior de Italia o Wilkinson. Están presentes, pues, los planificadores, ejecutores y protagonistas de la política del Gobierno del PSOE para Euskadi o los representantes públicos de los mismos.
Las Jornadas tienen otro importante motivo de interés. En el texto publicado por Ideas y Debates los participantes hacen notables manifestaciones, significativas afirmaciones y casi espectaculares reconocimientos sobre la realidad del problema vasco. En muchos casos abiertamente contradictoras con las posiciones públicamente sotenidas por la propaganda oficial del Estado español sobre Euskadi. Vamos a reproducir algunas de ellas porque: a)corroboran la tesis central de este estudio sobre las causas de la escisión del PNV; b) iluminan la prospectiva de la escisión del PNV y de la política oficial sobre Euskadi.
Esas manifestaciones que merecen repasarse versan sobre cuatro aspectos claves del "problema vasco":
El texto que cierra el volumen del n º 2 de Ideas y Debates es el de Juan Aranzadi titulado "Sangre simbólica. Raíces semióticas de la violencia etarra". Se trata de un texto altamente discutible, pero sus párrafos iniciales incluyen una definición del déficit de legitimación del Estado español en Euskadi que resume espléndidamente el consenso científico sobre el tema:
"Durante la larga noche franquista que siguió a la guerra civil –especialmente en las décadas de los sesenta y setenta –y hasta hoy mismo, la denegación al Estado español del monopolio de la violencia legítima en el territorio vasco, cuya más extrema manifestación es el rechazo a las Fuerzas de Orden Público, ha llegado a convertirse en auténtica marca étnica del pueblo vasco, en criterio delimitador de las fronteras de la comunidad nacionalista hoy hegemónica en la sociedad vasca, configurándose como el mecanismo etnogenético socialmente actuante que subyace a un notable desconcierto sobre el contenido de la identidad étnica vasca y a una intensa polémica sobre los criterios definitorios de lo vasco, desconcierto y polémica paradójicamente coincidentes con el reforzamiento de la comunidad nacionalista y con la ampliación de sus límites, por la vía del abertzalismo radical batasunero, hacia sectores de la población inmigradas socialmente inadaptados o crispados por la crisis económica y el paro."
Esta notable ausencia de la legitimación del Estado español en el País Vasco (entendiendo por legitimación, al modo habermasiano, "la capacidad de obtener reconocimiento", de suscitar obediencia sin recurrir a la coacción directa y al uso de la fuerza) ha sido durante la postguerra comparativamente superior a la registrada en el resto de España, quizá por el hecho de que, al contarse la burguesía y la Iglesia vasca –mayoritariamente nacionalistas- entre los perdedores de la guerra civil, no llegó a cuajar en Euskadi eso que ha dado en llamarse franquismo sociológico. Al permanecer la sociedad civil vasca relativamente inmune al franquismo y mayoritariamente nacionalista se favoreció una percepción del Estado como simple y desnudo aparato de poder, monopolizador arbitrario de una violencia ilegítima, compuesto por gente de fuera y cargado de connotaciones de institución extranjera. Sigamos leyendo directamente a Aranzadi:
"Pero importa destacar, a efectos de amenguar la tan difundida como ingenua creencia en el valor mágico de la sola legitimidad democrática para resolver automáticamente esta situación, que esos efectos de la guerra civil y del franquismo, poderosamente incrustados en el cuerpo social vasco, son sólo la última y más intensa manifestación de un largo proceso histórico en la misma dirección. La crónica dificultad de legitimación del Estado español en la totalidad del territorio bajo su dominio no remite a razones de orden coyuntural, sino a motivos de carácter estructural y de largo origen. La debilidad social e indecisión política de la burguesía española, su incapacidad para construir un Estado moderno que contase con el suficiente consenso popular, ha provocado en los dos últimos siglos el desmesurado papel del Ejército en la edificación de un Estado autoritario, oligárquico y centralista, dentro del cual –y en correspondencia con su función ortopédica de unificación patriótica –las Fuerzas Armadas han caído con frecuencia en la tentación de reivindicar una especie de legitimidad propia y autónoma. Al deslizar así la violencia que monopolizan desde su genuina función conservadora de derecho hasta su inicial papel guerrero instaurador de derecho, dificultan grandemente la legitimación del Estado en términos de reconocimiento popular, desnudándolo de sus oropeles jurídicos e ideológicos y exhibiendo peligrosamente como su único rostro su última ratio: la violencia. Si en el País Vasco anterior al franquismo las guerras carlistas y el arraigo del nacionalismo vasco no favorecieron precisamente la aceptación del Estado español, la situación tampoco es idónea con la democracia.
La pervivencia de la proclividad militar a tutelar el poder civil cuando no a sustituirlo (o, para no hacer juicios de intención, la generalizada creencia popular de que esta tentación aún no ha desaparecido por completo) junto a la atípica e incoherente perduración de la asignación de funciones de orden público a un cuerpo, la Guardia Civil, que proporciona –en inequívocas palabras del general O’Donnell –"una ocupación militar de todo el territorio nacional", amén de la continuación de las torturas, malos tratos y arbitrariedades policiales, son algunos de los factores, que aún con una Constitución democrática, un Estatuto de Autonomía y un Gobierno socialista, siguen dificultando la legitimación del Estado español en territorio vasco, sobre todo porque ETA ha explotado sistemáticamente esas dificultades, agravándolas de forma deliberada". (223).
José Ramón Rekalde, actual miembro del Gobierno Vasco de coalición PNV-PSOE, insiste en las Jornadas en su tesis sobre la falta de legitimación del Estado español en Euskadi ya recogidas ampliamente en este libro. Mencionaremos tan sólo una frase referida a la violencia de ETA: "La violencia se manifiesta como una crisis que se plantea a la legitimidad del Estado".
La mesa o panel de las Jornadas dedicada al tema "Condicionantes históricos y políticos que originan la lucha armada" tiene como ponente al entonces Secretario General de Euskadiko Ezkerra Mario Onaindia. Quien, refiriéndose a la violencia política en Euskadi, se hace la pregunta:
"¿Por qué se da este tipo de violencia?"
Y se responde:
"Generalizando, creo que estaremos de acuerdo, porque hoy es una verdad de perogrullo, en que se produce cuando hay una crisis de legitimación del Estado".
Lo significativo es que en ese panel el ex-Ministro del Interior Rosón dice:
"Estoy de acuerdo con el planteamiento que hacía el señor Onaindia en el sentido de decir que muy probablemente es al Estado falto de legitimación histórica al que hay que atribuirle la aparición de esa violencia" (pág. 73 op. cit.)
Y lo superlativamente significativo es que otro asistente en la misma mesa, insiste y precisa:
"Yo estoy de acuerdo con Mario Onaindia cuando afirma que una de las causas del sufrimiento de la violencia política es la crisis de legitimación del Estado, la carencia de legitimación del Estado cuando el Estado se fundamente en el temor y en el autoritarismo. Por tanto, un sistema político que condena todo tipo de participación y cualquier posibilidad de resolver los conflictos sociales mediante el diálogo, la comunicación o la participación democrática puede dar lugar a que se originen respuestas violentas contra el propio sistema. En consecuencia, la violencia política en Euskadi, es decir, el terrorismo político, surge en el País Vasco como consecuencia de la dictadura y surge al final de la dictadura, después de treinta años de sufrir un régimen autoritario; recuérdese que la primera víctima mortal de Eta se produjo en 1968, no antes" (pág. 75, op. cit.).
Rogamos al lector que vuelva a leer la cita anterior pero ahora sabiendo que quien dice eso es nada más y nada menos que José María Benegas. Txiki Benegas, el Secretario General del PSE-PSOE, el Secretario de Organización del PSOE estatal. Quien, en la misma intervención, añade:
"En la década de los sesenta, cuando surge la violencia política en el País Vasco, yo creo que existe un conflicto social real no resuelto que se caracteriza por la ausencia de libertades y de cauces de participación democrática, de autoritarismo, de persecución de las discrepancias, y en segundo lugar, desde un punto de vista de lo que es el pueblo vasco, en su conjunto, por una ausencia total de posibilidades de autonomía y de autogobierno" (pág. 76, op. cit).
Estas palabras de Benegas, de Rosón, de Onaindia, de Rekalde, de Aranzadi; este explícito reconocimiento de las raíces políticas antidictatoriales de la violencia de ETA son, ciertamente, bien diferentes de las estúpidas formulaciones volcadas –muchas veces por esos mismos hombres –en TVE definiendo a ETA como una banda de mafiosos, los gansters que roban y matan movidos por su afán de lucro personal.
Lógicamente Joseba Elósegui, a la sazón senador por el PNV, da un paso más, calificando a la violencia de ETA contra el franquismo de legítima defensa. Dice, en el mismo panel, en la misma mesa:
"La violencia política vigente hoy todavía en Euskadi tiene, a mi parecer, su origen en la guerra civil. El nacionalismo vasco actuó hasta entonces dentro del campo legal al margen de la violencia, aunque en libertad restringida incluso durante la Segunda República. Como consecuencia de la sublevación del 18 de julio de 1936, el hombre vasco nacionalista tomó las armas para defenderse de una agresión y recurrió a la violencia justificada, en defensa propia por ley de vida y para oponerse al intento de subversión del orden legalmente constituido, enfrentándose al terrorismo de una facción enemiga de la democracia instaurada. Esa facción ganó la guerra –lo que es mero accidente -, pero no por ello justificada el derecho de su acceso al poder absoluto y que desde ese poder ejerciera la violencia como base de una autoridad que no podía tener justificación ética.
Por consiguiente, el enfrentamiento a esa fuerza –ahora hecha institución –seguía siendo justificada, incluso recurriendo, si las circunstancias lo aconsejaran, a la lucha armada" (pág. 78-79 op. cit.).
Elósegui acusa directamente a la invasión franquista de Euskadi de ser la inventora del terrorismo:
"Miles de muertos, entre ellos dieciséis sacerdotes, sin ser sometidos a juicio y todo un pueblo prisionero y torturado. Allí se inventó el terrorismo; ¿qué se podía esperar de tal demencial proceder? Solo frustración y resentimiento. La desesperación propició el brote de un caldo de cultivo ideal para radicalizar comportamientos en una generación nueva que todavía no había tenido ocasión de ejercer la violencia. Un padre fusilado o condenado a treinta años de prisión no ha sido nunca condición favorable en la educación ética de una mente infantil, y jóvenes nacionalistas, como lo habían hecho sus padres, recurrieron a la violencia para defenderse de la agresión" (pág. 79 op. cit).
Elósegui explica que el PNV estudió la posibilidad de pasar él mismo a la lucha armada, aunque decidió que las circunstancias no lo aconsejaban.
"Pero –añade Elósegui –ningún nacionalista vasco se escandalizó a raíz del atentado al almirante Carrero Blanco, ni cuando fue muerto el policía torturador Melitón Manzanas".
El policía torturador Melitón Manzanas!!! Esa calificación de quien fue la primera víctima mortal deliberada, planificada, de ETA nos conduce a otra asombrosa coincidencia de casi todos los partidos participantes vascos en el Seminario: la de su reconocimiento de las torturas generalizadas a los vascos por la Guardia Civil y la policía española y la prolongación de las mismas durante el postfranquismo.
En las citas ya hechas de Aranzadi y de Elósegui figura la "normal" y no enfatizada afirmación de la tortura a los vascos. "Normal" y no enfatizada porque la tortura generalizada a los vascos por la Guardia Civil y la policía española constituye una evidencia social en Euskadi. también es una evidencia para Onaindía y para el "arrepentido" López Castillo que la afirman sin enfatizarla, de pasada, como un elemento archiconocido del paisaje vasco:
Dice Onaindía:
"Es cierto que se ha visto favorecida por el mantenimiento de la tortura … (pág. 65 op. cit.)
Dice López Castillo:
"Se produce una inercia que yo creo que también se ha producido en el Estado al mantener elementos antidemocráticos, como la tortura" (pág. 87 op. cit.)
José Ramón Rekalde es, con mucho, el más preciso, el más riguroso, el más claro en la denuncia:
"Pero la represión hay que hacerla desde un sentido muy puro de que el Estado solamente tiene el monopolio de la violencia legítima, y que la violencia ilegítima ejercida desde el Estado es una violencia en absoluto justificable. Hay que denunciar si efectivamente un Estado está practicando las torturas. No voy a entrar en el tema de si es sistemática o habitual, por lo menos sí sé que es generalizada, no sistemática o habitual, por lo menos si sé que la tortura es bastante generalizada. Además creo que se ha corregido bastante en la policía, pero mucho menos en la Guardia Civil. La Guardia Civil tortura de una manera bastante generalizada" (pág. 39 op. cit.).
Recordamos al lector que estas afirmaciones sobre la tortura generalizada se hacen en tiempo presente, en el otoño de 1984.
Hasta el mismo Benegas admite la tortura como un hecho presente:
"Y yo creo que el problema no puede centrarse en si en un país democrático puede haber casos de torturas, que puede haberlos …" (pág. 78 op. cit.).
A esas dos coincidencias en las Jornadas del Grupo 16 (sobre el origen de la violencia de ETA como respuesta a la violencia del Estado español franquista y sobre la persistencia y generalización de la tortura a los vascos) hay que añadir otra sobre lo que pretendía con el Estatuto y sobre el fracaso de ese propósito. Las tres están relacionadas con la escisión del PNV. Las dos primeras como causas de fondo, la tercera como causa inmediata.
Es la intervención que lee el Ministro del Interior Barrionuevo la que introduce una importante declaración. Esta:
"En una breve incursión en el marco político, o situación política del País Vasco, en los años iniciales de la transición, se obtiene una primera conclusión: los Gobiernos a los que les cupo la responsabilidad de conducir aquellos difíciles momentos optaron por la solución estatutaria al deseo autonómico del País Vasco, con el apoyo y la directa participación del Partido Socialista, entonces en la oposición.
Se creyó, sin duda, que el Estatuto de Guernica contenía las suficientes virtualidades para concluir en la convergencia País Vasco-España, desde una sensación de reparación y restitución de derechos, que desarmaría la argumentación nacionalista y concluiría en el aislamiento y marginación del terrorismo.
Esta operación política dotó del protagonismo de las soluciones al PNV, al que se vio en un momento, desde el Gobierno de la Nación y desde otros sectores, como un interlocutor capaz de absorber el nacionalismo intransigente y de controlar ETA. El intento hoy podemos decirlo, fue fallido en buena parte" (pág. 15 op. cit.).
Nótese bien, los objetivos del Estatuto eran (Barrionuevo, ergo gobierno del PSOE, dixit):
Y para ello se confiaba en el PNV porque se pensaba que podría:
Y el intento fue fallido en buena parte
Lo que no figura en la declaración de Barrionuevo es algo esencial para entender el proceso: que el Estado español no ha respetado el Estatuto. Lo dice sin embargo en las Jornadas, Mario Onaindia:
"Si en la sociedad vasca no existe la suficiente normalización y no existe, por parte del gobierno central, el reconocimiento de las cosas que ha aprobado el pueblo vasco, con qué autoridad vamos a decirles a ETA" "pero ustedes qué están hablando de la autodeterminación si en el pueblo vasco ha habido un referéndum en el que se ha aprobado un Estatuto de Autonomía", cuando esos militantes están leyendo todos los días declaraciones de un gobierno vasco y que son verdad, diciendo que el Gobierno español no está concediendo las transferencias y no está respetando el Estatuto de Autonomía" (pág. 130 op. cit.).
El "reinsertado" Goiburu lo dice también, aunque más crudamente:
"El Estatuto de Autonomía es un instrumento que teóricamente debía servir para ir generando, para ir creando, para ir salvando la nación vasca, y ahora, cuando los de Herri Batasuna dicen que ese Estatuto de Autonomía no sirve, yo pienso muchas veces que hay que darles la razón"(pág. 116 op. cit.).
Con todo y con ser muy importantes estas tres coincidencias que hemos ido comprobando en los asistentes vacos (pero ligados a la estrategia del Gobierno español) de las Jornadas del Grupo 16 (la del origen de la violencia de ETA como respuesta a la violencia estatal española franquista, la de la permanencia de la tortura, la de los fines frustrados del Estatuto) hay un cuarto aspecto que es decisivamente importante para nuestro estudio, para la comprensión de la compleja causación y motivación de la escisión del PNV.
Ese cuarto aspecto lo revela una afirmación de Ramón Jáuregui (a la sazón Delegado del Gobierno español en la Comunidad Autónoma Vasca y actualmente Vicepresidente del Gobierno vasco de coalición PNV-PSOE).
Dice Jauregui en las Jornadas:
"Quizá sea necesario un debate más en profundidad respecto a algo tan elemental, por ejemplo, cómo resulta el estudio de saber si la apuesta que el gobierno español ha venido haciendo en la transición democrática con el nacionalismo moderado ha sido acertada o no" (pág. 120 op. cit.).
Palabras significativas. Aparte de reencontrarnos otra vez con el término apuesta para definir todo el comportamiento político del Estado español en Euskadi respecto del Estatuto, esta frase de Jauregui entronca claramente con el análisis global de la transición en Euskadi contenido en la intervención del Ministro del Interior que hemos reproducido antes.
Y se carga de especial significado ahora, a posteriori, cuando recordamos que se formula en otoño de 1984, cuando ya estaba en marcha todo el proceso de defenestración de Garaikoetxea. Proceso en el que los meros hechos públicos, conocidos por la prensa, evidencian una convergencia entre acciones internas en el PNV y acciones externas desde el Gobierno español del PSOE (del que Jauregui era el Delegado en la CAV cuando pronuncia esas frases).
Los "críticos" del PNV (ahora en Eusko Alkartasuna) han afirmado siempre su convicción de la intervención del POSE y su Gobierno en la introducción de los ataques sufridos por Garaikoetxea en el PNV. La más elemental pregunta (qui prodest?, ¿a quién aprovecha?) Respecto de la división del PNV apunta claramente al PSOE y al Gobierno español del PSOE como directo beneficiario (véase la consecución de la minoría mayoritaria en el parlamento Vasco, repitiendo escaños, por mor de la división PNV/EA).
Pero es que no es el Gobierno español del PSOE el primer Gobierno español del postfranquismo que ha perseguido consciente, deliberada y planificadamente la división del PNV, dibujando tal división como un objetivo político de primer orden, inserto en la estrategia global para Euskadi por encima del mero rendimiento electoral de tal división.
Vamos a referirnos a ese precedente porque ilustra sobre la concepción que en el Estado español se ha forjado sobre las soluciones para el "problema vasco". Y nos ayudará luego a hacer prospectiva razonable sobre la escisión del PNV y su juego político en el futuro.
11.2. El precedente de la intervención del Gobierno de Madrid en la "escisión Ormaza" de 1979-80.